Ambos
grupos suelen descalificar a su opuesto, es decir, los musicalmente cultos
critican severamente la música simple que carece de mayor dificultad de
composición, rehusándose automáticamente a disfrutar de ella o incluso a
escucharla, mientras que las personas que no poseen un gran conocimiento
musical o un amplio registro de estilos musicales rápidamente catalogan la
música muy compleja como “aburrida”. Cabe señalar que, por supuesto, hay
excepciones a todo esto, y claramente no todas las personas muestran esta
conducta, pero me dedicaré a hablar sobre la gran mayoría.
Es
importante denotar que esta conducta de la sociedad no sólo ocurre el día de
hoy, sino que ha ocurrido desde que la música existe. De hecho, esto se puede
ver reflejado en la siguiente cita del filósofo
Aristóteles, quien vivió desde el año 384 a .C. hasta el año 322 a .C.:
“Se lograría la justa medida si los estudiantes de
música se abstuvieran de las artes que se practican en los torneos
profesionales, y no trataran de alcanzar las fantásticas maravillas de la
ejecución que ahora están de moda en dichos torneos, y de éstos pasaran a la
educación. Que los jóvenes practiquen incluso el tipo de música que hemos
prescrito, sólo hasta el punto en que sean capaces de deleitarse con nobles
melodías y ritmos, y no simplemente con esa parte común de la música que puede
deparar placer a cualquier esclavo o niño, e incluso a algunos animales”.
Esta
cita puede ser interpretada de diferentes maneras, pero la principal
interpretación que yo realizo a partir de ella recae en la postura de
Aristóteles ante el tema que hemos presentado, es decir, su aversión por el
lado simple de la música y su clara apreciación y alabanza ante la música más
compleja y los aspectos más profundos de ella, y no simplemente ante la
ejecución de esta y el placer que nos produzca escucharla.
Personalmente, ambas conductas, tanto la de desdén hacia la música que carece de dificultad en la composición, como la que descalifica a la que posee demasiada complejidad, me parecen increíblemente reprobables.
El
primer argumento y el más importante que sostiene esto es el hecho de que no
necesariamente todos debemos disfrutar de lo mismo, ya que somos todos seres
humanos diferentes que poseen gustos distintos, y me parece idiota caer en
la intolerancia que nos lleva a criticar duramente los gustos de otros, muchas
veces sin fundamentos válidos ni respeto por la individualidad de la otra
persona.
Para llegar a comprender y apreciar completamente una obra compleja
requerimos un conocimiento previo, y todo conocimiento proviene de un
aprendizaje. Pero el aprendizaje nunca será realizado correctamente si no se
comienza por un nivel menor de complejidad avanzando gradualmente hasta uno
mayor, y es por esto que las obras simples constituyen una parte fundamental
del proceso para llegar a obras más complejas, lo cual nos deja claro que toda
persona culta en la música debió estudiar composiciones simples en primer lugar
para alcanzar la dificultad mayor que tanto alaban. Por lo tanto, un conocedor
de la música debería admitir que una obra simple puede tener una gran calidad,
ya que no necesariamente lo “difícil” es “mejor” que lo “fácil”. Por su parte,
las personas que no son muy conocedoras de la música pero aún así expresan un
gran agrado hacia la música popular y simple deberían tener en mente el hecho
de que ya que disfrutan tanto de la música de su preferencia, debiesen poseer
una curiosidad innata que los motive a conocer más sobre la música, abrirse a
nuevos géneros y niveles de dificultad para así, en un futuro, poder disfrutar
de una gama más amplia de estilos y de obras, y, con esto, conseguir una
acumulación de conocimiento y una cultivación del alma a través del aprendizaje
de la música (y de cualquier otra práctica, según los antiguos filósofos
griegos). Finalmente esto nos llevaría a un conocimiento más sensible de lo que
nos rodea, como lo haría la adquisición de cualquier conocimiento. Cultivar la mente siempre hace bien.
Se podría argumentar que si cada uno tiene sus gustos y
opiniones, está en su derecho de que le disgusten algunos estilos y que le
gusten otros, y de elegir qué desea escuchar. Esto es completamente cierto,
pero lo que critico no es necesariamente el disgusto por un estilo y el
gusto por otro, sino la conducta de caer en la descalificación sin fundamentos
de la obra o estilo que nos disgusta y la alabanza sin razón a una obra o a un
estilo que nos guste.
Considero que para poder ser denominados personas integrales, debemos ser tolerantes ante todo tipo de estilos, y darnos cuenta de que
esto sí nos permite tener nuestras preferencias al mismo tiempo. Considero además, que
toda obra, simple o compleja, contribuye de alguna manera a la música, y esto
no necesariamente radica en cuán pegajosa u agradable sea para nuestro oído
ni en la gran cantidad de instrumentos o de habilidad que se requieran para
tocarla o componerla. Es normal que en la sociedad exista un choque de
preferencias entre dos o más grupos, esto siempre ha existido y es muy probable
que nunca cambie, pero lo que sí podemos evitar es la intolerancia y la
ignorancia, y debemos hacer lo posible por lograrlo.
Por lo tanto, un conocedor de la música debería admitir que una obra simple puede tener una gran calidad, ya que no necesariamente lo “difícil” es “mejor” que lo “fácil”.
ReplyDelete..no necesariamente lo “difícil” es “mejor” que lo “fácil”...
esto no queda claro y no hay nexo argumentativo :(