Sabía que lo
entenderías. Tú siempre entiendes.
Somos tan perfectos
como amigos... Puedo contarte cualquier cosa, y tú sabes que siempre
puedes acudir a mí cuando necesites escuchar cómo me quejo del trabajo o
sobre cuán fea y gorda me siento. No querrías arruinar una amistad como esa
sólo para poder ser mi pololo, y que yo te mire con deseo y anhelo en mis ojos aunque sea por una vez, ¿verdad? Por supuesto que no. Si nos pusiéramos a pololear,
sólo se complicaría esta hermosa amistad que tenemos.
Es solo que... eres mi
mejor amigo, y odiaría que algo que tú deseas tan desesperadamente pudiese
cambiar eso. O sea, obvio, podríamos salir juntos unas cuantas veces, a lo mejor
tener algo pasajero por un ratito y así finalmente validar todo el tiempo que
has desperdiciado pudriéndote en esta pesadilla platónica, pero ¿y después?
¿Cómo podríamos alguna vez volver a cómo éramos antes, a esa relación
donde me aprovecho de tu obvia atracción hacia mí para así poder tener a
alguien que me venga a besar los pies con tan solo una llamada? Esa parte de
nuestra amistad significa tanto para mí...
No. Estamos destinados
a ser solamente muy, muy buenos amigos; que sólo salen cuando no tengo pololo
de turno pero igual necesito atención masculina para elevar mi
frágil y consumidor ego.
Cualquier cosa puede
pasar cuando uno mete el romance en la ecuación. Piensa en lo horrible que
fue mi última relación, ¿te acuerdas? ¿Ese weón por el cual te llamaba llorando
a las cuatro de la mañana cuando no me contestaba los mensajes? ¿Ese que conocí
en la fiesta sorpresa de cumpleaños que me organizaste? Tuve sexo salvaje con él por cuatro meses y ahora ni siquiera nos dirigimos la palabra. Te juro
que me muero si pasa algo así entre nosotros.
Además, qué
asco, ¿te imaginai empelotarnos juntos? Te conozco por tanto
tiempo, eres más como un hermano con el cual he agarrado ebria dos veces (y jamás mencionado de nuevo); sería demasiado raro. Y si lo hiciéramos, después
cada vez que me acompañaras a ir de compras, o a verme a una de mis
presentaciones, o invitarme un helado cuando tuve un mal día en la
pega; me estarías mirando y pensando "le he visto las tetas". Qué
horror, no se me ocurre nada más incómodo que eso.
Ah, antes que se me
olvide, mi mamá te manda saludos.
Y de todas formas, me
odiarías como polola. Sería demasiado dependiente y dramática e hinchapelotas.
Si fuese tu polola, no podría contarte sobre todos los otros minos a los que me he tirado y pretender que no veo cuánto te duele. Nunca perdamos eso. Eso
es lo que hace nuestra relación.
No te preocupes. Eres
tan tierno, inteligente, divertido y simpático... cualquier mina (menos yo) sería muy afortunada de ser tu polola. Encontrarás a alguien pronto, lo sé.
Y cuando la encuentres, estaré a tu lado para ponerme toda coqueta y
cariñosa contigo en frente de ella, hasta que se ponga tan celosa que
no te crea cuando le digas que somos sólo amigos. Pero cuando te patee, eso es
justo lo que seremos.
Mejores amigos.
Mejores amigos para siempre. <3
No comments:
Post a Comment